Vueltalcole

 

 

Y aquí estamos, otro año más, en la dolorosa tragedia de la jornada partida. Atrás quedan las tardes plenas de siesta, playa y ocio variado. Y como en la vuelta al cole de los niños, me pongo de berrinche. Bueno, en realidad lo mismo pero en adulto: estoy de una mala ostia que te cagas.

 

Yo tengo la suerte de que en mi trabajo tenemos un sistema de horario flexible que nos permite, jugando con las horas de entrada y usando un mínimo de una hora para comer, salir a las seis de la tarde en el mejor de los casos. Y además tengo otra suerte que es vivir en una ciudad en la que tardas 25 minutos en ir de punta a punta, con lo que tampoco pierdo demasiado tiempo volviendo a casa. Y pese a todo la diferencia con respecto de la jornada intensiva -de 8 a 3- es una barbaridad.

Cuando salgo a las 3, en torno a las cinco de la tarde ya ni me acuerdo de lo que he hecho a la mañana. Me da para hacer planes, para quedar, para holgazanear si es lo que quiero. Generalmente eso redunda en que salgo más, pese a que al madrugar más tendría que acostarme antes. Pero moralmente es una gozada porque me siento dueño de mi tiempo, y el stress se diluye como el vino en la casera.

Por el contrario, hoy cuando llegue a casa no me voy a quitar el chip laboral. En seguida tendré que empezar con hacer la comida del día siguiente, y otras dos o tres tareas domésticas más. Cuando quiera darme cuenta, son las nueve, cenita, un poco de tele y a dormir. Repetir hasta el Viernes. Así que los días pasan a toda velocidad, uno detrás de otro, todos iguales. 

Seguramente cualquier mejora a esta situación pase por la famosa jornada laboral de 35 horas, que en un país tan supuestamente improductivo como España me parece absolutamente inviable. Pero en fin, por pedir, que no quede. El que no llora, no mama. 

3 Responses to “Vueltalcole”

  1. Yo estoy en exáctamente la misma situación que tú. Veo que son las cuatro menos diez y que, por tanto, me quedan todavía tres horas y diez minutos por delante, merced a mi jornada de 43 horas.

    Volvemos a la rutina de no hacer otra cosa entre semana que trabajar, con el aliciente añadido, en mi caso, de mi tratamiento, que retrasará en una hora la llegada a casa.

    Salir de casa a las ocho de la mañana y llegar a las nueve de la noche, sin tiempo para hacer otra cosa que cenar e irnos a la camita, que dormimos mal y hay que acostarse pronto.

    Ayer estuve con unos amigos y habían decidido volverse a la Tierruca. En Madrid se gana mucho dinero, pero se gasta más y el que se gana se gana a base de pasar el día fuera de casa. Habría que plantearse cambiar a un modo de vida más relajado, pero eso es algo que yo, ahora mismo, no puedo permitirme.

  2. Bueno. Realmente cada situación de este tipo suele ser igualmente acertada que errónea. Yo, rara vez sé a qué hora me voy a levantar a dos días vista para ir a trabajar. Ni mucho menos cuál va a ser mi destino. Intento hacerme con perfectamente sincronizados planes semanales, solo para después rectificarlos en favor de un mejor flujo de trabajo.
    Cuando he conseguido saber a qué hora empiezo, no necesariamente sé a qué hora voy a terminar. En gran medida depende de otras cien personas y de nuestro buen hacer.
    Desde hace un par de años esto no me enerva. Cuando regreso a casa soy el dueño, y no pienso mucho en ello hasta el día siguiente. Es importante remarcar que en Madrid, vayas a donde vayas, sueles tardar un mínimo de una hora en ir y otra en volver. El ajetreo, la polución, la superpoblación, suciedad, ruido y empujones… Efectivamente se gana más dinero y todo vale más, pero con este dolor diario, con el ritmo exhaustivo de 7.30 a 21.00, con las copas a 12€, el alquiler a 1000€ y todas esas cosas de las que en algún momento quieres huir… yo no cambio esta ciudad por nada.
    Al menos de momento.
    Like a rolling stone, lo que no nos mata nos hace más fuertes.

    Un abrazo gordo desde Madrilandia.
    :)

  3. Pues imagínate si eres un “automono” como yo, al menos he conseguido currar en casa a cambio de pasarme sólo 2 mañanas por la oficina. Aunque sigo currando muchas más horas de las que debiera. hay que volver a la tierra, aunnque sea para poner el culete por las noches.


Leave a Reply