Contra todo pronóstico, casi conseguimos reunirnos los cinco implicados, veteranos de titulaciones ya extintas. Pero finalmente maese Burnett se cayó de la convocatoria por complot laboral. Aún así, los otros cuatro valientes atendimos a la llamada gastronómica.
Comenzamos con un homenaje quedando allá donde el desaparecido Kanaille se alzaba en todo su esplendor. Posteriormente, pasamos a un tour de pinchovinos por selectos garitos de Deusto, haciendo un calentamiento para la que nos esperaba: el Txakolí Simón, que es algo así como el sitio donde las chuletas acuden a morir. De hecho, la carta poco más tiene que decir más que acompañamientos y postres para el chuletón. Es como una metáfora de la vida, todo gira en torno a la carne.
Después de unas pequeñas incidencias
para encontrar el lugar por Artxanda, con la ayuda de una nativa encontramos el garito. Nos sentaron en una mesa en la que cabían siete sin problemas, así que de espacio estuvimos sobrados. Rápidamente escogimos: morcilla de puerros, unos simpáticos hongos, ensalada, pimientos, patatas, dos chuletones y le gourmet Barkley nos seleccionó un Remelluri reserva del 2002 que, a pesar de que no pude engullir a gusto, probé y, en fin, ha pasado a mi lista de muy bebibles.
Los entrantes se devoraron en un visto y no visto, y nos pusimos rápidamente con el plato principal, el cual viene casi sin hacer sobre una caja con brasas y una parrilla para que cada cual se lo haga a su gusto. La primera chuleta debió durar en la mesa menos de minuto y medio, la segunda ya fue más paladeada. El acompañamiento de ensalada y patatas fritas también fue prestamente devorado por los cuatro comensales, ninguno de los cuales es precisamente famoso por comer poco. Por supuesto la comida fue acompañada de una excelente conversación sobre tecnología, trabajo, series que ver y, claro está, mujeres. De éste último tema, qué decir tiene, solo han salido bellas palabras de nuestra boca.
Para rematar, un postrecito, que no falte. Yo pedi el fluido de chocolate, retratado en toda su gloria. Delicioso, un bizcochito caliente flotando sobre natillas, que al romperlo libera un enorme pegote de chocolate fundido. Si, se que suena a porno. Lo era. Una de esas cosas que mejor no intentar en casa porque, o sale mal, o sale bien y pasa a tu dieta diaria, con lo que conlleva.
Kepa decidió pasar directamente a los cafés, o copas, o no se cómo llamarlo cuando te tomas un escocés. Como puede apreciarse en la foto, le sirvieron uno tamaño gigante del McDonalds. La foto juega un poco con la perspectiva pero aún así, os puedo asegurar que era medio litro largo de escocés. La pinta en vivo era tremenda. Yo personalmente prefiero los jamaicanos, pero en cualquier caso, por recomendación médica no puedo tomar alcohol. O al menos, no en esas cantidades. Así que otra vez será.
Por último, rematamos la faena con unas copas (de nuevo, yo mirando, mardita sea!) en la terracita para a continuación darnos unos tutes en la PS2, de los que hay que decir que Javi salió como gran vencedor. No en vano jugaba en casa, nunca mejor dicho.
En resumen, un día cojonudo y propósitos cumplidos. Una pena no haber podido ser de nuevo los cinco, pero como ya comenté en otro post anterior, parece a veces que somos ministros. Esperemos que la próxima ocasión sea un poco más propicia, y culinariamente salga al menos tan buena como ésta.